lunes, 19 de septiembre de 2011

Folklore porteño


Salgo corriendo hacia la calle. Caigo de un salto en la vereda y el viento fresco me asota la cara, avisándome que no recuerdo en qué momento cambié de estar adentro a estar afuera. Me gusta que sea así, agresivo, que me despeine. Sentir los cachetes fríos, pero no tirantes, ni secos. Porque hay un vapor en el aire. Una humedad...

Tres cuadras mirando el cielo. Las luces de los postes hacen juegos con los reflejos de los vidrios en los edificios. A esta hora, un sábado, Avenida de Mayo pareciera serena.

De fondo, el bullicio de los adolescentes que se preparan para salir. Unos turistas chilenos me piden que les saque una foto frente a La Rosada. Una cámara analógica. "El botón amarillo" dice ella, y se para junto a su marido, y los dos me muestran los dientes en una sonrisa relajada.

Tomo el subte celeste. Una pareja mayor comenta algo sobre los subtes de París. Deben ser modernos, pienso yo. Pero este me encanta.

Me preparo para bajar en Loria, pero cuando se detiene el tren, no abro la puerta. Me muevo un paso para el costado y apoyo el culo en un respaldar. Espero una más, así puedo caminar unas cuadras para ver Buenos Aires pre-primaveral.

Castro Barros. Los molinetes ya están abiertos. Voy por la escalera mecánica y salgo en la esquina opuesta a Las Violetas. Es una linda confitería ésta también. Nunca entendí a esos snobs haciendo colas eternas para pagar cifras descabelladas...

Rivadavia, la gente pasea perros, los negocios la mayoría cerrados. En la puerta de Acatráz, esquivo a un malón, bajando al borde de la calle. Respiro hondo, y canto la última cuadra hasta casa.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Improvisados


Duermo en una habitación cuadrada. La cama de madera en una esquina. A los pies, la puerta, cerrada con llave. Enfrente de la puerta, una ventana. Directo hacia mis ojos, una tele 14 pulgadas, amurada a la pared, sobre un placard empotrado.

La ventana tiene cortinas blancas que flamean con el viento veraniego. Afuera un balcón con barandas de hierro que forman firuletes.

Me despierto por un ruido y veo al Fantasma de la Ópera entrando por la ventana.

- Qué hacés acá? Entrando así?

- Pasaba por acá y me dió hambre. Tenés algo?

Me levanto y saco de la heladera un puré frío.

- Te gusta el pastel de papas?

Cuando lo saco de la fuente sale entrero, en una sola pieza. Le pongo queso arriba y lo caliento en el tostador.

El Fantasma lo come con ganas. Transpira gotas de emoción.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Fernet y Números

Short, ojotas y remera. En la espalda una mochila negra. Pesadísima, sobretodo por la botella de fernet envuelta en papel de diario, que no quise dejar en la fiesta. De amarreta nomás.
Camino por Alsina y Rivadavia con otras personas, despidiéndonos, como si todos saliéramos de ahí. No encuentro a mi viejo y me enojo. Ya fue, me voy caminando. Pero no puedo hacer ni una cuadra porque la mochila pesa demasiado. Eso me pasa por rata. Tampoco podría dejarla en el auto de mi viejo porque seguro me la revisa, y ni en pedo le permito que me incaute un fernet sin abrir, encima para tomárselo él.
Ahí está el boludo! Saliendo de la enoteca con dos botellas de ginebra. Se hace el pícaro y sonríe mientras yo lo puteo por desaparecer. Lo observo mientras abre la puerta del Gol gris perla: apenas gordito, pelado, la piel clara, bien afeitado, jeans y camperita deportiva blanca. Se ríe para adentro ante mi cara de ojete. Subo. Llevo la mochila sobre las rodillas. Prende el stereo: She come in trough the bathroom window... ♫♪

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Llego al boliche. Es un complejo enorme, con varias salas donde tocan bandas. Vine a ver a unos amigos pero seguro no me reconocen. Hace tanto que no nos vemos…
Estoy sola, nadie me quiso acompañar porque encontrar la sala iba a ser difícil. Ese es el desafío del show, este lugar es como un laberinto.

Ya paseé cuarenta minutos. Encuentro a un chico morocho, de rulos, bastante alto. Remera negra, pantalón de jean gris oscuro, gastado, caído. Poco culo. Sonrisa con dientes grandes. Vinimos a ver a la misma banda. Me pregunta si ya encontré la sala y me confirma mis sospechas:

Por el pasillo llegás a una puerta que te lleva a las gradas. Quedás en el medio de ellas. Cuando llegás al final, vuelve a empezar una pared violeta, muy empinada. Tiene como unas tejas de plástico. Arriba cuelgan del techo unas sogas cortitas”.

Ahora entiendo todo. Encuentro el pasillo, paso a través de las gradas y veo la pared. Me acerco a tocarla, es como de goma eva. Efectivamente está muy empinada, como a 60 grados. Intento trepar pero todavía existe la gravedad. Subo todos los escalones de las gradas y bajo corriendo para tomar envión.
Trato varias veces pero no puedo llegar hasta arriba.
Después de un rato… LAS SOGUITAS! Subo una vez más y corro con emoción porque ya descubrí el truco. Hasta donde puedo llegar es justo donde mi mano atrapa la soga. La tomo con la izquierda pero aún falta un tramo. Hago un último esfuerzo con mi discapacitado bíceps, y con la derecha calzo mi hombro en la cumbre. Ya llego! Ya casi estoy! Estoy! En pollera estoy! Uhh!! No importa que se me vea el culo! LLEGUÉ!!!
Unas mesitas redondas, gente ya sentada frente al escenario. El chico de rulos también está. Me mira desde lejos y me llama con la mano a sentarme a su mesa.
- Te vi toda la bombacha – se ríe de mi.
Me abraza e intenta besarme. No se lo permito pero le toco el culo en compensación de mi espectáculo.
Empieza la música. Una chica regordeta, con cresta y remera amarilla con las mangas arrancadas, canta a los gritos. Un tema me pone pilas y me paro a cantarlo, haciendo así con la manito. Ella me reconoce y viene a mi encuentro. Me lleva al escenario y me acerca el micrófono durante el estribillo que dice:

UNODOSTRESCUATRO!!!♪ CINCOSEISSIETEOCHONUEVECERO!!!♫♪”

Canto porque me la sé. Pero me doy cuenta que me equivoqué en una parte y pienso “uh, qué boluda, o no sé contar o estoy teniendo un ACV”. Y repaso en mente los números. Canto otra vez el estribillo:
UNODOSTRESCUATRO!!!♪ CINCOSEISSIETEOCHONUEVECERO!!!♫♪”

Otra vez ella canta algo diferente a mi, y yo estoy segura de que lo estoy diciendo bien. Entonces… Premisa + premisa = conlusión? Ella está diciendo otra cosa. Me detengo a escucharla:

UNODOSTRESCUATRO!!!♪CINCOSEISOCHOSIETENUEVECERO!!!♫”

UNODOSTRESCUATRO!!!♪CINCOSEISOCHOSIETENUEVECERO!!!♫”