lunes, 30 de mayo de 2011

Violencia/Influencia

Cuando era chica, los domingos almorzábamos en la casa de mis abuelos maternos. Vivían con ellos, mis tíos y mis primas. La más grande es 2 años menor que yo. Y yo tenía en ese entonces alrededor de 5 años. Cada domingo mi llanto era recurrente, porque mi prima me mordía, y ella aprovechaba de ser la consentida de mi abuela (falta total de autoridad competente que le pusiera los puntos).
Mi viejo, cansado de la misma situación semanal, me dijo que "la próxima vez le dé una piña en la frente, porque si yo volvía a llorar, él iba a tirar la mesa y no volver más a esa casa". Y el domingo siguiente la que lloraba era mi prima.
- Qué pasó, Carlita???? - gritó mi abuela desesperada.
- Bárbara me pegó!!!
- A mi me dijo mi papá que si me volvía a morder, que le pegue - argumenté yo.
Mi viejo no sabía dónde meterse. Hasta que mi tía se metió:
- MUY BIEN.
Y el almuerzo siguió en paz.

lunes, 9 de mayo de 2011

Ambición

Desde al menos, una semana antes, ya estaba nerviosa. El día previo, me dolía la panza. Me despertaba con una sonrisa, me vestía con mi ropa preferida; me sentía la más linda. Pensaba que la gente me miraba porque sabía que era mi cumpleaños. Y si no, exageraba la sonrisa para que lo supieran. Imaginaba treinta formas diferentes de festejarlo, y en todas existía un instante en cámara lenta, donde era suspendida en el aire por mis seres queridos, de los cuales no faltaba ninguno. Globos y torta de chocolate. Nada podía salir mal.
He ahí la falla, porque todos los años terminaba igual: decepcionada. Las expectativas eran enormes comparadas con la realidad.

Hoy no pretendo nada. Sólo disfruto y valoro cada detalle con sorpresa.
Gracias a todos los que se acuerdan, a los que llaman, a los que regalan, a los que cocinan, a los que proponen, a los que abrazan, a los que sonríen. Y a todos los que no también.

lunes, 2 de mayo de 2011

El corazón anudado

La casa de Marilú tiene una puerta muy vieja en el frente, de esas altas. Las rejas son verdes.
Jugamos en el pasillo con el postigo abierto para que entre el sol. Mamá y papá pasan por delante mío, vestidos de negro. Mamá tiene un sombrero y un tul sobre la cara.
- A dónde van? Quiero ir! - en las manos llevan un féretro tamaño infantil y me doy cuenta de lo peor.
Fría y seriamente, mi madre me contesta:
- Se murió Fernanda. No podés venir. Mejor quedate jugando con Mari.