sábado, 30 de abril de 2011

El Ch(ofer) del 8

Cierto día, estaba llegando a la parada del 8 y justo en la esquina, el chofer arranca y me deja de garpe (boh... a todos nos ha pasado, no?). Dada mi urgencia por llegar temprano al trabajo, elevo mis glasos al cielo, acompañándolo con un gestito manual de fakiu hacia el susodicho conductor de transporte público, sin pensar que el tipo me veía con cara de, entre asombro e indignación.
Al otro día de Cierto Día, vuelvo a la misma parada, a la misma hora (porque siempre estoy ahí a la misma hora, o sea, TARDE... Todavía no sé si soy una pelotuda reincidente o una patética que le gusta vivir al límite para ponerle algo de sal a su imbécil existencia), viene el bondi, lo freno, subo y Oh! Casualidat! (o causalidat), manejaba el mismo pibe que había agredido "injustamente".
- Buen día - (siempre saludo) - Uno veinte, por favor - me hago la seria por si me dice algo, pero el muchacho solo se sonríe pícara y socarronamente, me saluda, y me cobra.

Desde entonces, cada vez que viajo con él, me cobra uno veinte (sabiendo que es uno veinticinco), me abre la puerta aunque no toque el timbre porque sabe dónde me bajo, y además, SIEMPRE me hace llegar a horario.

Es mi mejor bondibusero.

(Se dice bondibusero, bondilero, o bondiero?)

martes, 26 de abril de 2011

Crónicas

En la casa de mi tía Pochi, entro al baño del trabajo y veo sobre el vanitory, un salero de vidrio con tapa de plástico, donde las perforaciones para que corra el sodio forman una carita sonriente. Saco la tapa y miro a través de ella. Me dá la misma visión que los lentes holográficos. Cuando vuelvo a mi mano, sostengo una pepa con un smile. Convencida y alegre, me la meto en la boca.
Salgo hacia el comedor, flotando, llevo puesto un vestido de encaje apelmazado muy viejo, que contrasta con los resplandores que me rodean. Cuello cerrado, con solapas redondeadas y una puntilla raída en el borde. Mangas largas y amplias, y los elásticos de los puños hacen que parezcan desinfladas. Una tira de razo amarillenta a la cintura, que se ata con un moño en la espalda. Largo hasta los tobillos, con más de esa puntilla carcomida abajo.

Y Fer? Dónde está Fer? La busco, cagándome de risa por toda la casa. Me saluda desde adentro de la tele.
- Nos metimos con Fabi por la ficha de la antena del cable - y yo asiento con la cabeza, porque es totalmente lógico y posible... si el cable es choreado!!! - ahora se fué a ver si nos enganchamos en el programa de Julián (Weich) para ganar unos mangos. Si ganamos la compu te la regalamos por tu cumple, querés? - yo me sigo riendo a mandíbula batiente y contesto que me encantaría.
- Bueno, nos vamos a un corte, Bar, después de la tanda hablamos -.
La tele se apaga y me quedo viendo mi reflejo de cuando infante, con el vestido de bautismo.
Pero no soy yo, es mi sobrina Emma, que está atrás mío, comiendo papas fritas de smiles. Con  mayonesa.

lunes, 11 de abril de 2011

Geniol(a)

Voy derechito por Paseo Colón hacia Retiro. Camino tanto que ya me siento perdida. Miro alrededor: edificios muy altos y descuidados, alguna vez fueron oficinas y ahora tienen los colores de Caminito. Un señor de bigotes, en camiseta, se asoma por una ventana, el reflejo del sol en su reloj dorado me encandila:
-Ey, piba! Te pasaste de Retiro ya. Ojo que esta zona es jodida, eh...
Tratando de volver, me meto en un pasillo y me pierdo en sus recovecos. Una nena de unos 5 años me da un paquetito de regalo. Lo abro y la abrazo. Son unos alfileres de cabeza, de esos de bolitas coloridas, pero las bolitas son más pequeñas de lo habitual, bien brillantes.
Mientras sigo tratando de salir de ese barrio retorcido, paso por un kiosko. La vidriera tiene de esos mismos alfileres, pero con otros motivos en lugar de esferas.
"La ocasión hace al ladrón", dice mi viejo. Y surge la oportunidad de llevármelos. Los saco rápidamente de donde están y los voy pinchando en una superficie mullida. Necesito hacer un poco de presión para insertarlos. Hacen un "track" suave y sutil. Me provoca el mismo placer que explotar la bolsita de burbujas que recubre los electrodomésticos.
Hay de estrellitas, corazones y hasta unos de Kitty, pero estos últimos son más grandes y el soporte no es un alfiler, sino una hojita de metal.
Vuelve la kiosquera con mi pedido y la culpa me hace perseguir, pienso que me mira raro. Salgo con la compra lo más rápido que puedo. Otra vez en la calle, un vidrio me devuelve mi imagen, y sobre las cejas, en forma vertical, están las Kittys, clavadas. Una de las heridas larga mucha sangre y la cuchillita decorada se cae, dejando ver un corte colorado y húmedo.
Sobre la frente, los alfileres de bolita forman un espiral, con todas las puntas orientadas al centro. Mi piel los absorbe como Homero a la zunga, y la cicatriz se cierra sobre si misma, seca e indolora.

lunes, 4 de abril de 2011

Coqueta

Se me hace tarde para ir al colegio porque me quedé cosiendo un buzo azul marino con puños verdes.
Mi mamá me acompaña esas 4 cuadras. Me siento orgullosa de mi creación mientras camino pavoneándome. Hasta que me doy cuenta que me puse las panchitas blancas pero están sucias. MUY sucias.
No, no, yo así no entro.
-Má, me traés otras zapas? Las Converse rojas. Dale?