viernes, 17 de junio de 2011

Cumple y medio apenas hay...

Una vía sin señalizar, y sobre ella, un túnel. Al costado del terraplén que da lugar a ese túnel, hay un bar. El lugar está aislado de la ciudad. Es más, no hay otros negocios, ni casas, ni caminos en muchos kilómetros a la redonda. Pero estoy acá, festejando mi cumpleaños. Desde un lado de la vía, nacen dos hileras de mesas y sillas plegables de madera, llenas de amigos, tomando unas birras en mi honor, charlando y riendo. Mi madre, canosa, me acompaña mientras los saludo, uno por uno. Al final de la distribución, un montón de palomas me estorban el camino.


-Palomas de mierda!!!- protesto.
Mi vieja y yo las pateamos y volvemos a la primer mesa, que es la nuestra. Desde ahí veo que, al otro lado de la vía hay solo una mesa, en la que está sentado Wainraich con su esposa. Me exalto de la alegría y voy hacia ellos.


-Seba! Dalia! Qué lindo que hayan venido a mi cumpleaños! Y Juli?
-Eh… De qué son las empanadas?- Pregunta Seba.
-De pollo- contesto.


Me miran extrañados porque, obviamente, no me conocen. Y simplemente pido disculpas, avergonzada de haber pensado que estaban ahí por mi, y vuelvo a mi mesa, cagándome de risa de mi misma.

1 comentario:

  1. Qué tontos para no haber ido por tu cumpleaños.

    A mi las palomas me caen simpaticas porque pienso que en una de esas les dejan regalitos a mis enemigos.

    Sayobaba.

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Largue todo eso que tiene para decir!!