viernes, 29 de octubre de 2010

Mepa que no se entiende nada, no?

Me pasa mucho en este blog, que nunca escribo direccionando el texto a los lectores. No sé, será que no me siento promotora de ninguna causa, será que no me creo líder de nadie, que no tengo autoridad para referirme a alguien como MIS lectores. Quién mierda soy para hacer algo así? (Y no es una crítica para quienes lo hacen, de hecho los envidio un poco).
Y al contrario de lo que pueda imaginarse, los halagos que recibo sobre las cosas que están aquí plasmadas, alimentan dicho sentimiento que no deja de ser una cobardía, un miedo de enfrentarme a algún reproche, a alguna crítica que pueda desmoronarme, en vez de hacerme crecer como literata (que es lo que debería ser).
Hoy me quiero animar a no dibujar sobre un sentimiento, porque además, no encuentro trazos que disimulen este nudo que tengo en la boca del estómago. Y ni idea de por qué está ahí.
Julio en Facebook decía "Qué días más intensos éstos..." y yo pensaba "Y tiene razón!". Y claro, no es para menos.

Ayer fuí al dentista una hora temprano (?). No pudieron atenderme antes porque, obvio, había gente con turnos anteriores. No tenía mucha batería en el celular, así que no podía escuchar música. Y me quedé pensando. Generalmente trato de evitar esos espacios de tiempo muerto, porque a veces pienso boludeses y me pongo mal al pedo, pero en fin...
Me acerqué a un ventanal, que era el contrafrente del edificio y miraba a través de él. Desde ahí podía ver los contrafrentes de otras casa, otros departamentos. Hermosos todos.
Me acordé del censo y de lo cansada que estaba. Por suerte todos me atendieron de muy buen humor. Pero en un barrio de militares, eran obvios los motivos. Un barrio de "gente bien", sin peligro de choreo. Y pensaba en sus respuestas...
Mucha gente viviendo sola...
La mayoría de los departamentos enormes...
Propios...
Todos graduados...

Pasó un pájaro de mierda (odio las aves, y no me importa que ellas puedan volar, yo al menos tengo dientes para mostrar cuando me río, forras!) y me hizo pensar en el barrio en el que me crié, rodeado de fábricas, a una cuadra la placita y "el poli", las veredas anchísimas, el kiosko en la esquina... Ahí viví con mis hermanas, con mis viejos y varios perros, en una casa baja y laaarga. Bien de familia, así la pusieron mi papá y mi mamá con el sudor de sus frentotas. Frentotas que ni terminaron la secundaria.
Ese barrio hoy es bastante más peligroso. Mis viejos hacen zapping con tinelli (no, no me equivoqué, solo me parece que ese tipo no es digno de que su apellido se escriba en mayúscula), y el patio donde jugaba, ahora es una pensión, por causas de fuerza mayor. Económicas puntualmente.

Y miré por ese ventanal y se me cayéron un par de lágrimas de la envidia.
Cuando salí del consultorio me llamaron Peta y Erika. "Te acordás de los Patacones y los Lecop? A dónde estabas en el 2001?" me preguntó Pets. Y Erikona me pidió que en vez de tener miedo, tenga fuerza.
Hoy Pable citó un texto de Bertolt Brecht (que todavía no sé quién es, pero ya lo voy a googlear), que se llama "El peor analfabeto es el analfabeto político" y dice así:
El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de
los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del
poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios,
dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

La primera persona que entrevisté en el censo me hizo pasar, me dió un vaso de agua y preguntó "Sos Kirchnerista?". Ovbio que no tomé, y le contesté: "No, soy atea".
Ahora, quiero aclarar que no soy Kirchnerista, no milito ningún partido político, es más, no sé nada de política. Cada vez que mi abuelo habla de Alfonsín (ellos son radicales, vió?), mi abuela le dice "Basta Toto, ya lo decía mi abuela que "la política es porca", no se hable más".
O sea que no entiendo un carajo. O no entendía un carajo hasta el miércoles.

Me pone muy triste que se haya ido una persona que le devolvió a la gente, a los jóvenes, las ganas de saber sobre su país, el empuje para hacer algo por nosotros, el ímpetu de lucha común. Estos días me estoy enterando de sus logros y de sus cagadas, pero rescato lo que me parece fundamental para crecer todos y todas.
No voy a darle un cierre contundente a este post. Cada uno sacará sus propias conclusiones.
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Gracias Nestor

lunes, 18 de octubre de 2010

Pajero

Cuando Ale cortó con Agustina, comprimió el dolor de todo el tiempo que salió con esa "pendeja de mierda", en 2 días de llanto acongojado en su habitación, sin importarle que su familia lo escuchara desde el comedor. Se cagaba en la hombría de la que tanto alardeaba cuando la conquistó.
El tercer día vino El Chueco a reflotarle el orgullo. Se fueron de joda y se levantaron unas minitas. La pasaron joya y repitieron la jornada infinidad de veces. Cuando se quiso dar cuenta... el flaco ya se había olvidado del llanto, se olvidó de Agustina y de sus besos, lo bien que se lo cojía, su dulzura, la mujer que era, lo buena madre que él imaginaba que sería... Y cuando pensó en ella se sorprendió de no sentir el mismo dolor de antes. Ya no la quería.
Y más se sorprendió cuando, después de dos años, habiéndose vuelto a enamorar otras veces con el mismo fervor y los mismos resultados, era inmune al veneno de la soledad...

El domingo, después de una noche de juerga, siendo víctima de una resaca espantosa de vodka con limón, soñó con ella. Quizás porque el sueño fué como el zumo de un limón grande, brillante y amarillo: Estaban sobre un plano blanco, los dos desnudos, de frente, tomados de las manos, besándose tiernamente. No era cursi. Solo era un beso, natural, refrescante. Salió de su letargo con algo agrio en la garganta. Entonces la extrañó, pensando en que era un boludo.
Se quedó en la cama y volteó para mirar el techo. Se cruzó de brazos bajo el acolchado y sintió su corazón latir impulsado por la bronca de haber soñado con ella. Fué bajándolos lentamente y se agarró la panza, donde sentía un leve malestar que le provocaba hundir el abdomen. Puso las manos a los lados de su cuerpo y rozó sus propios muslos algo peludos. Se acarició la ropa interior. Era de algodón. Introdujo sus manos en la prenda y se hizo mimos. Suaves. Primero muy suaves. Se frotó las bolas con un poco más de intensidad. Ya se estaba calentando, sin pensar en nadie, porque ya se había olvidado del sueño. Se agarró el miembro con la palma y empezó a agitarlo despacio, enamorado de si mismo. Cuando se le puso bien dura, la sacudió con pasión. Mientras lo hacía se levantaba de la cama. Llegó al placard, abrió la puerta y se miró al espejo, dejó caer el boxer hasta los tobillos.
Se contempló como Narciso hasta que acabó, apuñalando con el semen su reflejo. Se limpió así nomás con lo primero que encontró y cayó rendido en la cama como si se hubiera echado el polvo del año.
Entonces se le retorció otra vez la panza, se puso de lado en posición fetal y soñó profundamente, que una desconocida llenaba el vacío de su pecho.

sábado, 16 de octubre de 2010

Mamita

Estoy en el cuartito del fondo, esperándola.
Como yo soy la más grande, obvio que soy la dueña de la casa. Ella es Karina Gonzalez, y viene con su Nenuco resfriado, que si le apretás el brazo saca moquitos de agua. Yo soy Eugenia Estevez, mamá de otro Nenuco con culito paspado.
Nuestros maridos no participan de esta merienda porque son aviadores y están en pleno vuelo. Igual que ayer, y que antes de ayer y antes de antes de ayer.
Llegó. Lo sé porque esuché su voz diciendo ring. Abro la puerta y la invito a pasar. Pongo la pavita en la cocinita de fórmica heredada de primos ya adolescentes y mientras, chusmeamos de cómo se portan nuestros bebés, cualsifuéramos dos señoras.
Tomamos el mate imaginario, yo cambio a mi hijito de plástico y ella hace dormir al suyo.

La escena se repite todas las tardes. A veces se intercalan experimentos con huevos, shampoo Plusbelle de manzana y arena que perfumaban de podredumbre el cuartito, o una vecinita para hacer reir hasta que se haga pis, o "la princesa, la nena y la vieja" en la vereda de la fábrica, o bicicletas para ir a lo de la abuela compitiendo con las ruedotas de la bici de mamá, o cartas españolas revoleadas al aire sobre la cama grande, como en el sorteo de Susana Gimenez pero improvisando de premio un inodoro. Solo por nombrar algunas...

No puedo dejar de pensar que mi hermanita, esa cachetona con un ojito hinchado que nació un día de lluvia en que yo tenía tres años y medio, mañana va a festejar que su Nenuca cobrará vida en enero como tocada por la varita del Hada Azul...


Estoy segura de que vas a ser tan buena mamá como cuando te llamabas Karina.

martes, 12 de octubre de 2010

El armoniquista de Avellaneda

Antes, en mi familia, para las fiestas, se organizaba el 24 a la noche cenar con la familia materna y el 25 al mediodía con la paterna o viceversa. Lo mismo pasaba para fin de año, pero siempre, el segundo día, por la tarde, se saludaba a la familia más lejana.

Esa tarde no me acuerdo si era Navidad o Año Nuevo, pero era a la tarde.
Fuimos a visitar a la tía Irene, que en realidad era tía de mi papá.
Creo que tenía yo entonces, como 10 años. Quizás más, quizás menos, pero era pequeña para entender ciertas cosas, según mi viejo.
Estaba re aburrida con mi hermana. No podíamos hacer nada, porque mi vieja nos pedía a cada rato que nos quedemos quietas. Es que la casa de la tía Irene siempre estaba impecable, con un baiú antiguo lleno de copas de cristal, el rincón donde "sus nenes" cortaban el pelo, con un espejo gigante y una silla de barbería, unos sillones marrones que cuando te sentabas hacían ruido a desinflación... En fin, nos fuimos a corretear al patio.

Rober, el primo de mi papá, tocaba la armónica sentado en el culo de un balde. Fer se aburrió y se fué adentro. Yo me quedé escuchándolo. En mi mente todavía veo su cara, con los labios apoyados en el instrumento y las manitos haciendo bending. En los ojos se nota la satisfacción de hacer música para un niño y que ese niño pueda apreciarla.

No sé cuánto tiempo pasó, pero seguro fué muy poco. Salieron todos por el pasillo a despedirnos.
"Ya nos vamos??!", pregunté indignada. Si, ya nos íbamos. Pero yo me quería quedar. Me quería quedar a escuchar la armónica de Rober. Me quería quedar!!
No sé por qué nos íbamos tan rápido. Qué bronca!

Sin embargo, cuando fuí un poco más grande para visitarlo sola, no lo hice. Había crecido pero no madurado.
Hoy, un montón de años después, ni siquiera sé cuántos, digo lo mismo:
Ya te vas? Ya te fuiste! Por qué tan temprano?? Yo quería que te quedes! A tocar la armónica... Dale Rober! Quedate un toque, una más... Qué bronca...

miércoles, 6 de octubre de 2010

Faltan cinco para el peso

Rosarino.
Brasilero.
Cordobés.
Paraguayo.
Madrileño.
Colombiano.
Uruguayo.
Misionero.
Perrito.
Tortuga.
Pollo.
Oso.
Cordera.
Rolling Stone.
Sabina.
Cacho Castaña.
Bombón.
Aretes.
Lentes.
Antena.
Papa.
Virgen.
Boba.
Baba.
Acné.
Colorado.
Negro.
Musculoso.
Petiso.
Pesada.
Bocón.
Labiudo.
Rastas.
Perón.
Flaco.
Tatuado.
Sida.
Ganador.
Garca.
Viejo.
Pirata.
Duro.
Primo.
Vecina.
Chistoso.
Fogoso.
Dulce.
Amigo.
Niño.
Precoz.
Religioso.
Bombero.
Cocinero.
Locutor.
Filósofo.
Bailarín.
Chofer.
DJ.
Drogón.
Barman.
Historiador.
Actor.
Médico.

Travesti?

martes, 5 de octubre de 2010

Ideal ideal

Vasta tienda árabe.
Exceso de almohadones de razo ocultan el suelo.
Vapor de luz tenue. Algo rojiza.
Yo desnuda.
Bucles de patchouli que se enroscan en los dedos.
Hombre y mujeres. Escuchando cuerdas que resuenan.
Estado de trance. Distención.
Y un dejo de dulzor en los labios...