martes, 28 de septiembre de 2010

La necesidad tiene cara de Pepe Argento

Vuelvo de una fiesta rockabilly con unas amigas.
Estamos perdiendo el efecto de las drogas y el alcohol, todavía risueñas y un poco tambaleantes.
Estoy vestida como La Picadillo de Cry Baby en la escena que intenta rescatar de la prisión al protagonista: enterito negro ajustado con hombros descubiertos y un pañuelo en la cabeza que solo deja ver la cara. Acompañan el atuendo unos zapatos de plataforma negros, un chaleco de cuero cortito y un reloj muy brillante.
Caminamos por Maza y vemos a lo lejos unos especímenes simil Drapes (también de Cry Baby).
Los cruzamos a la altura de Don Bosco. Los miro de reojo haciéndome la interesante pero vuelvo la cabeza inmediatamente al ver que uno de ellos es mi ídolo, el amor de mi vida, mi actor predilecto, mi fetiche, mi adorado... Guillermo Francella.
Sin pensarlo le digo:
- Guille sos vos?
Él, no me responde. Sólo se avalanza sobre mi y me abraza con fuerza. Nos fundimos en un beso apasionado frotando nuestros cuerpos como si tácitamente nuestro destino estuviera marcado a fuego.
Simultáneamente nos despegamos uno del otro, y el viento y los amigos nos van alejando, envolviéndonos en una bruma tibia, tranquila y felíz.

Mis amigas me suben inconsciente por el ascensor. Lola, sin ver mi cara de idiota enamorada, me dice:
- Ponete YA crema en la cara que te quedó toda enrojecida.
Cuando entro al departamento, veo una pecera redonda, llena de peces de colores y en el vidrio escrito con fibrón indeleble, un número. SU número.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Año 94

Llegamos a Florianópolis. Pooooor fiiiin!!!
Paulo, un amigo de papá, nos consiguió casa. Él vive en el mismo campito con Sonia, que es la esposa, y con Michel, la hija de Sonia, que creo que tiene 12.
Son unas vacaciones muy cacas, porque Fer está enferma. Todo el tiempo en hospitales y pobrecita mi hermanita se siente re mal, ni siquiera podemos jugar porque tiene mucha fiebre. Dice mamá que 40 es muchísimo y a veces llora. Pero yo también tuve fiebre un día y también como 40 pero nadie lloraba tanto... No sé. Debe ser por eso de la mendigitis o... Bueno, no sé cómo se llama y la verdat que ya ni a la playa vamos, y si pregunto, me retan... Al final para qué viajamos como dos días y dormimos en la camioneta y todo? Qué porquería!
Mamá me dice que vaya a jugar con Michel pero no me la banco mucho. Desde que llegamos que me hace la guerra y no sé por qué, si yo no le hice nada... Pero ella con su-pri-miii-ta-la-ru-bie-ciiii-ta me dejan de lado.
Lo peor es que se encerraron en la pieza a jugar solas y yo las espié por un aujerito de la madera (porque acá las casas son de madera la mayoría), a ver qué hacían, vistes? Y me sentí una tarada porque se dieron cuenta y se empezaron a reir, así que me fuí otra vez con cara de culo a la casa nuestra.
Mamá insiste con que juegue con ellas para que no me aburra ahí porque dice que me pongo hinchapelota y Fer necesita descansar. Para mí que Fer necesita jugar un rato con la arena y tomarse un picolé de leichi condensada (Estoy re aprendiendo a falar como me dijo papá!! jijiji). Así que me tomo la leche y voy a ver qué pasa con la tonnnnnnnta de Misheli...

Está ooootra vez con su pri-mi-ta-la-ru-bie-ci-ta. Me dicen que podemos brincar juntas pero solamente si juego a lo que están jugando ellas, y me explican la brincadeira: hay que apoyar la boceta en la punta del apoyabrazos del sillón blanco del living y moverse como si fuera un caballo pero frotando. Ellas no hacen lo mismo que yo, solo me miran, se ríen y me preguntan si me gusta.
Nunca jugué a esto, no entiendo cuál es la gracia.

Justo vino mamá a devolver el termómetro y cuando me vió me agarró re fuerte del brazo que todavía me duele y me gritó un montón de cosas que no me acuerdo. Debe ser por la fiebre...

martes, 21 de septiembre de 2010

Melomanía subterránea

Día de mierda en el trabajo, pero no lo cuento como parte de mi día porque todos los días son de mierda en el trabajo.
Salgo y camino cantando por Balcarce hasta la Plaza de Mayo. La cruzo oblicuamente y tomo Florida en busca de unos auriculares porque el supercopado de Elvis se había comido los anteriores, semanas atrás. Los conseguí! Mientras camino intento abrirlos (siempre hago esas pelotudeses para hacerme la práctica y ahorrar tiempo, como si se fuera a acabar). Bajo corriendo las escaleras de la línea verde (debe ser la D seguro, pero me las conozco mejor por los colores) porque ya llego tarde a la clase de canto. Hoy no está el pibe de la revistita.
Adentro del vagón, arranco el último plástico con los dientes y desesperada los conecto. Escucho la música y me empiezo a reir a carcajadas del placer de volver a aislarme del bullicio. La gente mira "disimuladamente". Jajajajaja, me encanta porque algunos te devuelven la sonrisa, pero otros se sienten incómodos y se sonrojan. Qué pelotudos... Un chico alto con campera abrigada y rodete se ríe conmigo.
Una estación después suben 3 muchachos: una guitarra, un charango y un cajón peruano. Me saco los auriculares, educada desde la vez del señor del 128. Hacen un lindo cover de alguna banda de rock nacional. El del cajón peruano pasa la gorra y el chico del rodete se prende a la percución que había sido abandonada. Tocan una más y ya me tengo que bajar. Antes, les dejo unas monedas y les digo "muchas gracias" fuerte, claro y con muchas ganas. Ellos reciben el halago contentos. Me hubiese quedado a cantar con ellos...
Camino una cuadra, eufórica, a lo de Josefina. La persiana está cerrada, mala señal. Toco timbre y no atiende. Le mando un sms, y nada. La llamo, y nada.
Del pico de emoción paso inmediatamente a un pico de garrón...
Vuelvo sobre mis pasos otra vez a la boca del subte pero en vez de tomarlo a por donde vine, subí hacia Congreso de Tucumán. En una de esas todavía puedo encontrar a los músicos para que resuciten este cuerpo muerto de desilusión...
Camino por el andén pero ya no están. Me rehúso a apuñalarme con frases como "Qué día de mierdaaa!!" y "Nada me va a salir bien hoy???", así que decido emerger hacia el barrio chino, que nunca fuí.
Subo la primer escalera mecánica y me choco con dos señores y un muchacho: un contrabajo, una guitarra acústica y una criolla. Tocan un estilo de música que si llego a decir charleston, jazz o rock y me equivoco (que es lo más probable) me voy a querer matar, pero me transportaba a los años 30's y/o 50's...
Estaban en la entrada a los molinetes, cerca de las boleterías. Salí y me compré, en un kiosquito que hay ahí abajo, una chocolatada y un alfajor. Me acerqué a merendar mientras los disfrutaba. Eran las seis de la tarde y solo pasaban autómatas. Ver esa indiferencia me dió más bronca que el cuelgue de mi profe. Es que la banda era muy buena, lo que estaban tocando no lo había escuchado nunca en artistas callejeros.
Terminaron un tema y los aplaudí. Yo solita. Ellos sonrieron. Me acerqué un poco más y con el índice me dibujé la propia sonrisa en la cara para que ellos mantuvieran la suya. Siguieron tocando y yo seguí aplaudiendo, pero ya éramos dos los alentadores. Me cambié a un lugar más directo, más de "público" (qué ironía un espéctaculo público, en un lugar público pero sin público). Se acercaron 2 más. Y otro más. Y otros...
Fuí hasta donde el kiosquero y le pedí algo para escribir. Traté de hacer mi mejor letra, no la que uso en el laburo. Lo doblé en cuatro, y busqué en mi bolsillo algo de dinero. Solo encontré una moneda plateada de veinticinco centavos, no tenía más efectivo.
La dejé adentro del estuche de guitarra que estaba en el suelo, junto con el papelito, diciéndoles: "Gracias. Les dejo una cartita".
La mirada que devolvieron me llenó de energía para volver a casa.

Me llama Jose para disculparse pero ya no puedo enojarme con ella. Y todavía no conozco el barrio chino.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La Flor de la Canela

Hace un tiempo estaba yendo a lo de mi mamá en el 128. Como siempre, iba escuchando música de mi celular. En eso sube un señor con una guitarra. Al toque pensé "Este viejo vago viene a tocar la guitarra por chirolas en vez de ir a laburar... Ni a palos le doy ni 10 centavos...".
Pero me quedé observándolo muuuuy detenidamente porque hacía un tiempo que me había comprado mi guitarra y no venía practicando mucho, verdaderamente la extrañaba.
Mientras el señor tocaba yo le miraba el soporte de la guitarra que nunca lo había visto y particularmente los dedos, tratando de recordar en qué traste los ponía para imitarlo más tarde con mi Cuasi (Cuasimoda es mi guitarra, le puse así porque la compré muy rotita pero ya está siendo arreglada).
El tema es que, más allá de la bronca infundada hacia el susodicho, me pareció de muy mal gusto no escucharlo, así que apagué mi música pero no me saqué los auriculares.
Tocó una canción que se llama "La Flor de la Canela" y dice así:

Déjame que te cuente, limeña
Déjame que te diga la gloria
Del ensueño que evoca la memoria
Del viejo puente, del río y la alameda
Déjame que te cuente, limeña
Ahora que aún perfuma el recuerdo
Ahora que aún mece en su sueño
El viejo puente del río y la alameda
Jazmines en el pelo y rosas en la cara
Airosa caminaba la flor de la canela
Derramaba lisura y a su paso dejaba
Aroma de mixtura que en el pecho llevaba
Del puente a la alameda
Mundo pie la lleva
Por la vereda que se estremece
Al ritmo de sus caderas
Recogía la risa de la brisa del río
Y al viento la lanzaba
Del puente a la alameda
Déjame que te cuente, limeña
Ay!
Deja que te diga morena mi pensamiento
A ver si así despiertas del sueño
Del sueño que entretiene, morena,
Tus sentimientos
Aspiras de la lisura
Que da la flor de canela
Adornada con jazmines
Matizando tu hermosura
Alfombras de nuevo el puente
Y engalanas la alameda
El río acompasara tu paso por la vereda
Jazmines en el pelo
Del puente a la alameda

Cuando terminó de tocar dijo unas palabras, (por lo que me saqué los auriculares para escucharlo bien) y contó una anécdota:

"Ayer me crucé con un linyera. Un pibe de unos 25 años. Estaba tirado en la calle pidiendo monedas y humildemente lo aconsejé que hiciera algo de su vida, que cualquier cosa es más productivo que estar ahí tirado haciendo nada. Saben qué me dijo? Me dijo que me meta en mis cosas. Y tuvo razón. Acá estoy, metiendome en lo mío".
Y después tocó otra canción que no supe cuál era, porque no presté atención. Me quedé pensando en lo mierda que fuí en prejuzgarlo al guitarrero por hacer lo suyo, lo que le gusta, lo que lo hace feliz. Porque tranquilamente el tipo podría haber sido un universitario graduado o un plomero gasista matriculado o un carpintero de oficio que laburó toda su vida para mantener a su familia y hoy, ya jubilado prefiere darse menos lujos pero poder desempeñarse en "lo suyo" en vez de manguear a cambio de una tarjetita cursi.

Cuando terminó de tocar la segunda canción, pasó la gorra saludando a la gente y acariciando en la cabeza a los pocos nenes que viajaban.
Al acercarse a mi, le extendí mi mano con las monedas con las que pensaba tomarme el mismo bondi de regreso. Ahí me dijo algo que me dejó con los ojos vidriosos: "Gracias por sacarte los auriculares".

No es fácil entrar en la industria de la música. El hombre quizás no tenía ninguna canción propia. O nunca había tocado en una banda. Su estilo no es de los que "venden". Tal vez jamás llegue a tocar para más de 20 personas que viajan en un colectivo pedorro que va a Lanús...
Pero su voz era tan nítida, tenía tanta dedicación su punteo, la expresión de su cara era de pasión... Me convenció de que, para él, valió más que lo escuchara y lo aplaudiera que las monedas que yo quería negarle en un principio.

...

Hace poco lo crucé caminando por Rivadavia y Quintino. Por la misma vereda, pero en dirección contraria. Lo reconocí por el soporte de la guitarra y el saco gris. Seguro él ni me registró y yo llegué a la esquina siguiente, arrepentida de haberme aguantado las ganas de pedirle que tocara otra vez "La Flor de la Canela" a cambio de un abrazo.
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Pulsión de muerte

Mi estado mental está llegando a extremos inconmensurables.
Es que repito tanto las ganas que tengo de morirme que ya tengo a toda mi familia, muchos amigos y algunos de tantos conocidos, llamándome para preguntarme pelotudeses sólo para cerciorarse de que sigo viva.

A ver si me entienden de una buena vez:
Para mi la muerte no es algo malo/feo/desagradable. Es la Libertad.
Esto no significa que me voy a matar!
Estaré loca pero no soy boluda!