lunes, 26 de julio de 2010

Escape Animé

Lacio y brillante, un flequillo perfecto sobre las cejas. Cara angulosa pero con cierto pulido suave y sensual. Flaca, flaca, flaquísima; pero fibrosa. Viste un trajecito azul eléctrico, chaqueta corta, abotonada, solapas redondeadas, sobre una polera blanca. La falda plizada ruega que ninguna ráfaga la acose. Medias "Silvana". Botas también blancas de media caña, en punta, taco de 10 centímetros. En su cartera apenas si caben las llaves de la casa pero todas las estrellas del cielo.

La humedad en el fino rabillo de sus ojos la empuja a cruzar Córdoba corriendo y perderse entre las sombras de los árboles y los autos estacionados sobre Mario Bravo, mientras el señor Haruto despotrica desde el balcón sobre la marquesina de la tintorería agitando los brazos al aire.

En el taxi a mitad de cuadra, la espera Romina luciendo una intelectualidad rimbombante. Seria, misteriosa, decidida. Solo denota su fragilidad con la mirada de sus ojos redondos y negros como caramelos Media Hora, perdida en la sonrisa de Mei...

jueves, 22 de julio de 2010

Smells Like A Teen Spirit

Antiguo empleado canoso, piel seca como entalcada con Heno de Pravia, sigue las instrucciones de su abogada para jubilarse.
Administrativa de unos 39 años, rubia con rulos, aliento a tabaco desde los 13, aprovecha salir de su micro-oficina para lucir sus tetas alevosas.
Cadete asiduo charla y entretiene con Dior Homme.
Motoquero con impermeable negro y destellos fosforecentes, no tan impermeable, se hace el simpático.
Otro cadete banana-boy tira sonrisas insoportables de Pino Colbert.
Trabajador con transpiración añeja revuelve las pelusas de su bolsillo buscando 10$.
Abogada del antiguo empleado canoso habla con altanería usando Flower, by Kenzo.
Dueño de empresa que se levantó apurado, reclama el aumento de las multas con vahos de acelga del día anterior.
Obrero llega a las 10 de la mañana, buscando orientación para su trámite y la dirección de AA.

Empleada del Instituto sale a comprar un "Glade Toque" y lo activa sin pudor!!!

lunes, 19 de julio de 2010

3 tiros en el pecho y "Miércoles - Amarillo"

La ciudad está bajo un tinglado de chapa a modo de bunker.
Estamos yendo en auto con mis viejos por una callecita empedrada y angosta hacia un destino que desconozco, símil vacaciones.
Paramos en un kiosko a comprar un matelisto. Baja mi mamá pero no se dá cuenta de que el negocio está siendo asaltado. Se acerca demasiado y el chorro (idéntico a Sawyer el de Lost) le mete tres tiros en el pecho. Cae desmayada. Intento llamar al 911 pero mi madresanta se reincorpora:
- No hace falta, me siento bien -.
Llueve y volvemos a casa. Mi vieja ceba mate con sus tres tiros todavía puestos y miramos la tele. La incisión de la bala está aún en su camisa blanca, pegada al cuerpo por la sangre seca. Todos se mantienen indiferentes a las heridas. Yo insisto en llevarla a un hospital y mi viejo argumenta:
- Si ya no sangra!-.
Me tiro en el piso para aliviar el verano con el frío de las cerámicas. Apoyo mi cabeza sobre la panza de un tipo pelado. A su vez, sobre mi panza, se apoya la cabeza de un hombre que me gusta y acaricio su pelo.
- Me voy, me abrís? - me dice. Y lo acompaño hasta el hall de entrada del edificio.
Tengo un papel del tamaño de un boleto de colectivo para darle con un mensaje importante. Una vez arriba del auto, le paso el papelito por la ventanilla del acompañante.
Él lo mete en la guantera del auto sin leerlo y arranca la marcha muy rápido.
Mientras subo en el ascensor, recuerdo las palabras anotadas en cursiva con fibra negra, independientes entre sí, pero relacionadas, sin duda:

Miércoles
-
Amarillo
Aliviada, suspiro como una niña que resuelve una ecuación en 4to grado.

lunes, 5 de julio de 2010

Después de la siesta...

Llueve y estoy perdida en MDP. Con lo que ODIO Mar del Plata...
Paso por lo de Melina y sigue embarazada pero su panza es transparente y puedo ver a Gaby.
“Qué bueno que viniste, tengo tu saco para devolverte", me dice y saca del ropero un saquito marrón, tejido, cruzado, con un lazo y algunos brillitos.
Vamos a la playa con Mercedes, su mamá. Nos metemos al mar. Se vino un tsunami en la playa pero no nos damos cuenta porque no llegó la ola todavía. Primero están llegando animales. Estamos nadando, y al lado nuestro hay un lobo marino enorme. Con unos dientes como los del Zunga (no quiero decir que El Zunga sea dientón, sino que tiene una dentadura muy particular). También muchos peces. MUCHOS.
Cuando vemos que viene la marea salimos del agua corriendo.
Se revuelve hasta la arena y sale de abajo un mamut, tamaño pony, vivo y barritando.
Nos vamos corriendo a refugiarnos en una cabaña. Ahí están mis abuelos y mis viejos.
Mi mamá está contenta de verme pero muy celosa porque la panza de Melina es transparente y la de mi hermana no.
"Sabes que? No me importa, porque yo tengo un mamut chiquitito", me dice mi madre.
Lo saca de la pieza y lo muestra en sociedad. Era el mismo mamut que salió de la arena. Me cuenta que lo encontró en la playa y que se va a hacer millonaria por tener un mamut enano VIVO. Le puso de nombre ELVIS.
“Me cagaste el nombre del gato!!”, le digo yo. Ofendida, me pongo un sombrero de copa y me voy enojada bajo la lluvia.

viernes, 2 de julio de 2010

Siesta

Bruce Willis y Mario Baracus son dueños de una chatarrería en Lanús. Ellos viven y trabajan ahí. En realidad, lo de "trabajan" es una pantomima, porque están todo el día haciendo crucigramas, cada uno en su escritorio lleno de cachivaches.
Los que realmente trabajan son todos los niños perdidos que también viven en la chatarrería. Pero no son niños perdidos como los de Peter Pan. Son niños perdidos explotados, que levantan repuestos de máquinas, limpian baños, martillan fierros y se esconden de Bruce y de Mario.
Porque ellos se desentienden de la convivencia, y juran que si alguien los estorbara, lo colgarían de la biga central del galpón. Pero así mismo, nunca mueven un dedo e influencian a los niños a que lo hagan por ellos. Así que los pibes viven ahí amenazados implícitamente.

Y no sé cómo ni por qué, acá estamos con Rochita y Vicka. Recién llegadas, hablando en susurros con otros niños de alrededor de 15 años como nosotras, sobre las "reglas" del lugar.
Trabajamos para no ser descubiertas. Vicky está muy cansada y preocupada por la Pirula. Se siente enferma, y Rochita y yo nos encargamos de todo para que ella pueda descansar.
Bruce no está. Salió a cirujear.
Mario está sentado en su escritorio. El despacho es un rincón del galpón, justo antes del pasillo que lleva a la calle. Los dos escritorios están de espaldas a la puerta, uno a cada lado de ella. Está concentrado en su Claringrilla.
Rochi y yo vigilamos. Decidimos que no podemos resignarnos a vivir ahí y tenemos que llevar a Vicka a un hospital.
Mario se levanta para ir al baño. Oportunidad perfecta!
Levantamos a la convalesciente entre las dos, colgando sus brazos en nuestros hombros y encaramos a la puerta. Cuando estamos llegando, escuchamos el agua del inodoro y aceleramos el paso.
Mario percibe que algo está faltando y sale a perseguirnos.
Es muy difícil correr con alguien medio muerto colgado de la espalda, pero a medida que nos acercamos a la calle, Vicka se va recuperando.
El pasillo es alto y está pintado de blanco. Recién pintado. Es íntegramente de vueltas en U, como un pasaje peatonal para cruzar las vías del tren. Estamos mareadas, nerviosas y asustadas. Ya no podemos volver.
Rochi me frena, me mira y como poseída, me dice con los ojitos voleados: "Corran, yo me quedo de ayudante", y vuelve corriendo por dónde veníamos.
Sigo con Vicka ya mucho más recuperada, puede caminar sola. Estamos a un paso del umbral de la vereda y dejo ir a buscar a la Piru.
Vuelvo por Rochi. NO puedo dejarla ahí. Ese Mario es un pederasta.
Camino tratando de tranquilizarme e idear un plan, pero no se me ocurre nada.
Llego, y Roo está lavando ropa. Todos jeans y mamelucos. Me ve en el lavadero y me dice impaciente que me vaya, que nos van a descubrir.
Quiero aprovechar y meter a lavar un jean mío pero el lavarropas ya está en funcionamiento.
"Rochi, vos acá no te quedás. Reaccioná! Nos vamos AHORA".
Y corrimos. Corrimos por ese pasillo interminable, con la respiración de Mario cerca, muy cerca.
Vemos que el pasillo deja de serpentear, y la posibilidad de trepar a los techos.
Sube Roo, y me extiende la mano para ayudarme a trepar.
Pero no puedo. Estoy paralizada. Estoy acostada en la medianera, con el cuerpo extendido e inmóvil.
"Rochi, andáte. Haceme caso.". Pero no me da bola.
"Rochita me vas a hacer enojar!!! ANDATE! Corré!".