lunes, 18 de octubre de 2010

Pajero

Cuando Ale cortó con Agustina, comprimió el dolor de todo el tiempo que salió con esa "pendeja de mierda", en 2 días de llanto acongojado en su habitación, sin importarle que su familia lo escuchara desde el comedor. Se cagaba en la hombría de la que tanto alardeaba cuando la conquistó.
El tercer día vino El Chueco a reflotarle el orgullo. Se fueron de joda y se levantaron unas minitas. La pasaron joya y repitieron la jornada infinidad de veces. Cuando se quiso dar cuenta... el flaco ya se había olvidado del llanto, se olvidó de Agustina y de sus besos, lo bien que se lo cojía, su dulzura, la mujer que era, lo buena madre que él imaginaba que sería... Y cuando pensó en ella se sorprendió de no sentir el mismo dolor de antes. Ya no la quería.
Y más se sorprendió cuando, después de dos años, habiéndose vuelto a enamorar otras veces con el mismo fervor y los mismos resultados, era inmune al veneno de la soledad...

El domingo, después de una noche de juerga, siendo víctima de una resaca espantosa de vodka con limón, soñó con ella. Quizás porque el sueño fué como el zumo de un limón grande, brillante y amarillo: Estaban sobre un plano blanco, los dos desnudos, de frente, tomados de las manos, besándose tiernamente. No era cursi. Solo era un beso, natural, refrescante. Salió de su letargo con algo agrio en la garganta. Entonces la extrañó, pensando en que era un boludo.
Se quedó en la cama y volteó para mirar el techo. Se cruzó de brazos bajo el acolchado y sintió su corazón latir impulsado por la bronca de haber soñado con ella. Fué bajándolos lentamente y se agarró la panza, donde sentía un leve malestar que le provocaba hundir el abdomen. Puso las manos a los lados de su cuerpo y rozó sus propios muslos algo peludos. Se acarició la ropa interior. Era de algodón. Introdujo sus manos en la prenda y se hizo mimos. Suaves. Primero muy suaves. Se frotó las bolas con un poco más de intensidad. Ya se estaba calentando, sin pensar en nadie, porque ya se había olvidado del sueño. Se agarró el miembro con la palma y empezó a agitarlo despacio, enamorado de si mismo. Cuando se le puso bien dura, la sacudió con pasión. Mientras lo hacía se levantaba de la cama. Llegó al placard, abrió la puerta y se miró al espejo, dejó caer el boxer hasta los tobillos.
Se contempló como Narciso hasta que acabó, apuñalando con el semen su reflejo. Se limpió así nomás con lo primero que encontró y cayó rendido en la cama como si se hubiera echado el polvo del año.
Entonces se le retorció otra vez la panza, se puso de lado en posición fetal y soñó profundamente, que una desconocida llenaba el vacío de su pecho.

13 comentarios:

  1. Hermoso retrato, muy bien trabajado...q se yo, me encantó y me gustaría escribir así!

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  2. Es la primera vez que presencio una paja y encima muy dulce!!!

    En serio me encanto como lo relataste...

    Amiga cada vez mejor!!!

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  3. Es lo que a todos nos hace falta...

    Saludos desde Mundo Aquilante!

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  4. Pobre Alejandro, alguien que le avise que el dicho "DONDE HUBO FUEGO, CENIZAS QUEDAN" ademas de estar re trillado y ser un cliché, es mUY certero.

    pd: había escrito un texto bastante laergo, pero el puto internet me hizo algo malo y se me borro! la cocnha de la lora.

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  5. Claramente Narciso no necesita una madre para sus hijos, su reflejo es más que suficiente!

    (Genial).

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Largue todo eso que tiene para decir!!