viernes, 23 de octubre de 2009

Todavía no tiene título

Tendida sobre el agua de la tina, que todavía no se termina de llenar, escucha las gotas integrarse a un mar de relajación artificial.
Se pregunta por qué fiarse de la ventana de su cuerpo, mayormente tan falaz; y se desafía a despertar el resto de sus sentidos.
Lúdica, experimenta con las yemas de los dedos los limites entre el liquido y el gas. El borde de los codos. Los brazos.
Sigue jugando con los pies, asomando los pulgares a tomar aire como un periscopio frío.
Cuando su cintura se hace participante del juego, la sensación muta, y la percepción también.
Una voz de ninfa resuena en su nariz y deja un sabor a mangos maduros en los pensamientos de su cabeza del agua, mientras que el todo se prepara para la revolución.
Su ombligo se ciñe en una gama de escamas escarlata y un dolor placentero se apodera de su abdomen; entonces entra en la dicotomía de una virgen conservadora enamorada (pero a la inversa).
Esta neopiel afloja la presión en los arcos del nacimiento que simultáneamente se están inaugurando, y vuelve a contraerse en los pilares, hasta los pies. Que ya no son pies, sino un timón.
La tina es un colchón de espuma sódica y los mangos los huele detrás de las orejas.
Se adapta con dificultad al nuevo ambiente y a ese cuerpo sensual recién estrenado que le recuerda a una guerra civil...
Percibe en esta masa a los mismos personajes de su entorno anterior, solo que algunos mutaron al igual que ella, y otro siempre fueron tritones. Algunos se mimetizaron, otros no tanto.
Similar a ellos es René. Y también distinta.
El bamboleo acuoso la confunde y descubre cicatrices de pudor en sus pechos.
Sabe que ahora, después de este baño de inmersión en la eterna doble hélice, todo es igual pero diferente.
Cualquier coletazo es definitorio. Excepto de vaciar la tina.

1 comentario:

Largue todo eso que tiene para decir!!